viernes, 28 de junio de 2013
La
intriga eterna sobre el futuro
Bajo un título más que
ambicioso, un recorte testimonial sobre la mesa
redonda que tuvo lugar en Proa el sábado 15 de junio de 2013 como parte de
las actividades en torno a la muestra Algunos artistas ARTE ARGENTINO 1990………………HOY.[1]
La sala del auditorio de Proa
estaba semi-oscura. Yo tenía una ubicación privilegiada: fila 2, asiento 6 (en
el medio). Veía perfectamente a los participantes de la mesa redonda (que en verdad era rectangular), solo a ellos. Al
resto de la audiencia de la que formaba parte la intuía detrás de mí, me parece
que eran muchos.
Contando a Leo Estol, eran tres
los artistas argentinos que estaban sentados a la mesa, ubicados a uno de sus
lados, uno al lado de otro frente al público. Una curadora/historiadora/teórica
del arte estaba sentada en uno de los
costados pues oficiaría de moderadora.
Sobre la mesa, de cara al
espectador y en correspondencia con cada participante de la mesa redonda, había sendos cartelitos en
los que constaba el nombre de cada uno de ellos. La charla estaba ligada a la
muestra actual exhibida en la institución:
Algunos artistas. ARTE ARGENTINO 1990………………HOY. En el futuro inmediato era
de esperar que el discurso se desprendiera de las siguientes preguntas sobre el
arte argentino:
¿cuáles son sus particularidades en las últimas dos décadas? ¿Qué
características tuvo el tránsito de los 90 a los 2000? ¿Qué relación hay entre
la producción local y su contexto social y político? ¿Qué comparación puede
establecerse con los lenguajes artísticos internacionales?
La
curadora/historiadora/teórica del arte presentó a los participantes (dio sus
nombres y un breve currículum de cada uno). Después, hubo algunas vacilaciones
en el comienzo, ¿quién hablará primero? Leopoldo propuso comenzar: “traje algo
escrito” -dijo-. Los demás aceptan.
Entonces hubo allí una serie
de deslizamientos, o más bien de deslices. El artista sacó unos papeles. Se
paró y caminó hasta colocarse frente a los cuerpos de los demás integrantes de
la mesa redonda y frente a su propio
nombre, del otro lado de la mesa. Desplazó su cuerpo en el espacio para girar
180 grados en relación a su posición anterior. Un movimiento sencillo para los
que todavía podemos caminar. Un gesto del cuerpo entero, teatral, des-ubicado,
casi coreográfico, que entraña poco gasto de energía. Y allí nace la puesta en intriga[2]: la forma de la mesa redonda/rectangular queda entonces desfigurada. Acto seguido
Leo se sienta de espaldas al público. En la continuidad del conjunto que arman
el pelo y el sobretodo negros se convierte automáticamente en una silueta
oscura, como de teatro de sombras. Un cuerpo extraño.
Se disculpa por dar la
espalda y comenta que es preferible, para evitar esa incomodidad, cerrar los
ojos y escuchar.
La “escena total” queda armada
de la siguiente forma: Hay equis cantidad de cuerpos sentados, atentos a lo que
pasa (imagino que algunos cierran los ojos, otros, como yo, los entrecerramos para
no perder detalles, otros hacen caso omiso a la consigna y los mantienen
abiertos). Todo ese conjunto somos el público, miramos para el mismo lado,
hacia los artistas (entre los asistentes seguramente hay artistas, pero su rol
en ese momento es ser exclusivamente público). En un plano que podría llamarse intermedio está Leopoldo, mirando para el
mismo lado que los asistentes pero en una relación más próxima al resto de los
artistas de la mesa redonda, que
siguen de cara a la audiencia pero, esencialmente, ahora lo miran a él.
Por un rato, Leopoldo
abandona el plato del que le tocaba comer en la mesa y saca los piecitos del
círculo cuadrado de la mesa redonda.
Tengo una pésima memoria. De
lo leído por el artista recuerdo algunas frases, algunas palabras. Anunció al
comienzo que “el texto es un poco trosco”. Mencionó la palabra plusvalía,
también habló de quinientos pesos cobrados por formar parte de la mesa redonda, de Techint sacando dinero
a sus empleados para devolverlo a la sociedad en forma de arte, de él mismo y
su pasado, cuando discutía con Diego Bianchi por los derechos autorales de las
obras que hacían en conjunto, de su intervención actual en la Cooperativa Guatemalteca
en la villa 31… en fin, y como para acotar este testimonio, se podría decir que
era un texto fuera de lugar, que señalaba algunas cuestiones que no estaban
contempladas en el marco pautado para esta charla…
Finalizada la lectura,
Leopoldo vuelve a su lugar original en la mesa
redonda, el público aplaude tibiamente (siempre se aplaude en esos casos, aún
cuando uno de los integrantes de una mesa
redonda realiza su exposición de una forma no esperada).
No hay comentarios sobre lo
leído ni los habrá.
Vuelven los titubeos, la intriga no se reveló, todo lo contrario,
se acrecienta, no hay desenlace. La intriga es una de las modalidades de la
relación con el futuro, dice Marc Augé en Futuro.
Sin desenlace entonces aparece un momento suspendido.
Después se retomó la charla,
de lo que se habló ya no me acuerdo casi nada…
La mesa redonda está adentro de Proa, y Proa está incrustada en la
circunstancias que nos toca vivir, que también incluye la intriga.
Me fui sintiendo que mantenerme
en equilibrio en un borde incierto le demanda mucha energía al cuerpo, ubicarse
casi en la periferia del círculo del arte
y de las mesas redondas. Estar un
poco más junto a todos los demás, en consonancia con lo que le pasa a la gente,
que solo a veces es público de arte.
[1] Aclaración
importante: El no mencionar
explícitamente los nombres de todos los participantes de la mesa redonda y referirme solamente a sus
roles NO está relacionado a valoraciones de ningún tipo. Se trata
solamente de una estrategia que contribuyera a describir los hechos tal cual
fue mi interés en este caso.
[2] “Originalmente,
se llama “intriga” a una situación complicada y embarazosa; de esta manera ha
sido empleada para referirse a relaciones amorosas, a asuntos políticos y al
teatro.” Marc Augé, Futuro.
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